HOY MARCHA CONTRA LXS TRAVESTICIDIXS

“Unides y diverses. Que nadie nos quite el orgullo de ser libres, de ser putas, de ser trans, travestis, lesbianas, marikas, marimachos, tortas, bolleras, intersexuales, no-binaries, bisexuales, pansexuales, poliamorosas, asexuales, afros, negres, originaries, marrones, y de todas las diversidades humanas… Contra los mandatos patriarcales, contra el Genocidio trans-travesti, contra los travesticidios y transfemicidios, contra todos los crímenes de odio, por el cupo laboral trans-travesti en todo el país, por una ley de reparación histórica integral para las sobrevivientes del genocidio trans-travesti, por la derogación de los códigos contravencionales, por el fin del hostigamiento y la persecución a les trabajadores de la economía popular, por alternativas laborales concretas y reales, por infancias felices y una vejez digna, contra el racismo y todas la formas de discriminación … El 28 de Junio, Marchamos… Nos quieren dividir, nos quieren separar, nos quieren peleadas, enojadas, dispersas, divididas, pero no podrán. El amor es más fuerte. BASTA DE GENOCIDIO TRANS-TRAVESTI. BASTA DE TRANSFEMICIDIOS Y TRAVESTICIDIOS. BASTA DE CRÍMENES DE ODIO”, dice la propuesta Organizada por el Movimiento Trans Nadia Echazú. La libertad de hoy: En la madrugada del 28 de junio de 1969 tuvo lugar uno de los hechos que, sin saber muy bien cómo ni por qué, se convirtió en un hito y un referente en la historia contemporánea del mundo y muy en especial en la historia de la lucha por los derechos civiles, hablamos de la revuelta marica ocurrida en el Stonewall Inn, un bar del Greenwich Village de Nueva York.

Los antecedentes

No fue la primera revuelta entre los representantes de un sistema injusto y una minoría discriminada, ni fue la primera donde esa minoría estaba formada por aquellos que por causa de su orientación sexual eran señalados como enfermos o delincuentes. Diez años antes de las revueltas del Stonewall Inn, enfrentamientos similares se habían producido en la cafetería Cooper´s Donuts de los Ángeles y tres años antes en la cafetería Compton de San Francisco.

Cafetería Cooper´s Donuts de los Ángeles

Enought is enought

La revuelta del Stonewall Inn no destacó por ser excesivamente violenta, no hubo muertos ni heridos graves. Y tampoco fue un acto de reivindicación política, organizado o dirigido por intelectuales o activistas que luchaban por los derechos homosexuales. Sin embargo, ahí quedó en la memoria de todos como el momento y el lugar en el que alguien dijo que no. Que ya estaba bien, que esta vez ya no agacharían la cabeza y no sufrirían la humillación de ser tratados como pervertidos o criminales, cuando su único delito era ser ellos mismos y tratar de disfrutar de algunos de los privilegios que los demás entendían y vivían como algo normal. Cosas tan simples como divertirse, reír, bailar y amar.

El verano del amor

Eran tiempos convulsos y de cambio en los que una generación que había nacido tras la segunda guerra mundial pedía paso. Eran los tiempos de la guerra fría, del anticomunismo y la lucha por los derechos civiles, de Vietnam y Nixon. Era el verano del amor, y al ritmo de los Beatles, de Elvis, los Rolling, Bob Dylan o Joan Baez, la minoría dentro de las minorías se reunía en antros y tugurios escondidos, donde por tres dólares, consumición incluida, podían sentirse seguros mientras bailaban, charlaban y bebían el alcohol rebajado que las mafias que controlaban ese mundo underground, tenían a bien ofrecerles. Todo ello por supuesto con el visto bueno de una policía corrupta que cobraba su parte a cambio de hacer la vista la gorda y limitarse a cubrir el expediente.

Grafitti denunciando la corrupción de la policía y de la mafia.

Oasis de parias

En Nueva York, el Greenwich Village, un pequeño oasis de tolerancia y diversidad, se había convertido en un polo de atracción para cualquier homosexual que buscara un sitio donde encajar. Y en el Village el tugurio de moda era el Stonewall Inn. Ahí se reunía lo mejor de cada casa.

Jóvenes que habían sido echados de sus hogares por maricas, chaperos, travestis y drag queens con sus mejores galas o con el vestido que habían tomado prestado a sus madres. Mariquitas locas libres de ser y sentirse todo lo locas que quisieran, rudas camioneras, marimachos y discretas bolleras. Homosexuales de todos los pelajes y de todos los colores, negros, blancos, asiáticos, latinos alternando con hombres casados y padres de familia respetables que una vez al mes o a la semana se tomaban un descanso de esa rutina de mentiras que llamaban vida. Todos ellos se juntaban en este restaurante reconvertido en bar de ambiente que cada noche abría sus puertas para ofrecerles un poco de diversión.

Constantes redadas

Y así solía ser, exceptuando alguna noche y en horas de poca concurrencia, cuando de pronto las luces se encendían y tenían que enfrentarse a una realidad uniformada de azul que los detenía, humillaba, amenazaba, extorsionaba o simplemente arruinaba sus vidas exponiendo su más oculto secreto a la luz pública. Adiós familia, estudios, trabajo, carrera, reputación. Y todo en nombre de la decencia, la moral y una “american way of life” en plena decadencia.

Dentención frente al Stonewall Inn

Esto fue precisamente lo que ocurrió el 29 de junio de 1969, pero en esa ocasión pasada la una de la madrugada, cuando con el Stonewall Inn lleno, la luz se encendió y la policía entró en el local. Unas cuantas maricas salieron corriendo, el alcohol vendido sin licencia fue requisado, comenzaron las identificaciones y el bar empezó a ser desalojado.

Para cada cosa hay una vez que es la última

Pero, al contrario de lo que hasta entonces solía ocurrir, los maricas, travelos, bolleras y drags que abarrotaban el bar se rebelaron negándose a colaborar, en tanto que aquellos que habían sido expulsados del bar no se dispersaron rápidamente como era costumbre y así, pronto una pequeña multitud de clientes y curiosos se arremolinó a las puertas del local.

La gente enfrentándose a la policía frente al Stonewall Inn

Cuando las unidades de refuerzo llegaron para llevarse arrestados a los clientes que la policía custodiaba en el interior del local varios cientos de personas estaban fuera aguardando.

Conforme los agentes iban haciendo entrar a los detenidos en los vehículos el ambiente se fue tensando, algunos empezaron a cantar la canción “Venceremos” de Joan Baez y unos pocos puños se alzaron al grito de “Gay Power”, otros comenzaron a burlarse de la policía y a lanzar monedas (en referencia a los pagos que la mafia hacía a la policía) y alguna botella a los coches patrulla. Los detenidos que eran conducidos a los vehículos, luchaban, protestaban e intentaban zafarse de la policía que empezó a responder con violencia, la gente abucheaba. Según cuentan, una de estas detenidas animó a la gente a hacer algo, y fue en ese momento en que la tensión estalló y empezó el caos.

La batalla

Pronto, más de medio millar de personas se encontraron envueltas en una trifulca en toda regla donde volaban las botellas, las monedas y las piedras. Algunos policías huyeron en sus coches patrulla mientras que el resto se atrincheró dentro del local cerrando la puerta junto a varios detenidos y un periodista. Los agentes, acostumbrados a la docilidad de los gays, perplejos, comenzaron a sentir miedo. Unas drags, encolerizadas, arrancaron un parquímetro y lo utilizaron como ariete para intentar derribar la puerta y asaltar el local.

Enfrentamiento con la policía.

Botellas, basura, piedras, ladrillos y contenedores eran lanzados contra la fachada y las ventanas tapiadas que se rompieron. Tras saltar la chispa, el fuego había prendido y no sólo en sentido metafórico.

Después de más de media hora de acoso la situación pareció descontrolarse cuando las puertas del local se abrieron y un policía con pistola en mano amenazó a la gente con disparar.

Lanzamiento de objetos.

Antidisturbios y bomberos

De pronto se oyeron sirenas y aparecieron los antidisturbios y los bomberos. La revuelta entonces paso a una segunda fase. Los refuerzos policiales rescataron a sus compañeros del interior del Stonewall Inn y empezaron a detener a todos los que podían con la intención de despejar las calles.

Pero la multitud, que seguía aumentando en número, no estaba por la labor. Frente a los antidisturbios se colocó una fila de travestis y gays en formación coral cantando y bailando levantando las piernas, burlándose de unos agentes nada acostumbrados al desafío de esos enfermos y pervertidos.

Durante la siguiente hora y media las persecuciones se sucedieron, los coches volcados, los policías persiguiendo a los manifestantes y los manifestantes persiguiendo a los policías al grito de ¡cogedlos!, hasta que hacia las 4 de la madrugada todo quedó despejado y en silencio. El saldo de esa noche histórica fue de 13 detenidos, 4 policías heridos y varios manifestantes hospitalizados.

Las noches siguientes

Enfrentamientos posteriores.

Al día siguiente, los panfletos, las noticias, los rumores, las reivindicaciones y las denuncias sobre la situación a la que se enfrentaba la comunidad gay llenaron las calles del Village y durante las noches posteriores se volvieron a repetir unos altercados a los que más y más gente se fue sumando. Y ya no eran solo drags, chaperos o clientes del Stonewall, sino hombres y mujeres gays junto a heterosexuales que se unieron para protestar y levantar la voz al grito de Gay Power. Personas que habían perdido el miedo y reclamaban su espacio. Y cuando por fin tras casi una semana de enfrentamientos y protestas todo terminó y la calma volvió al Village, algo había cambiado para siempre.

Stonewall Inn, punto de inflexión.

Los movimientos homófilos y la lucha por los derechos de la comunidad LGBT+ no nacieron en el Stonewall Inn, pero éste señaló un punto de inflexión. De pronto se pasó de reivindicar un pequeño espacio en la sociedad donde pudiéramos vivir sin hacer mucho ruido y sin molestar a nadie, a reivindicar que estábamos ahí y que nos gusta como somos, que no nos íbamos a ir y que no íbamos a cambiar, escondernos o disimular. Ya no pediríamos perdón por ser como somos, ya no nos íbamos a avergonzar, y ya no suplicaríamos la caridad de nadie. Tocaba exigir.

La noche del 2 de Julio en la zona del Stonewall Inn

La respuesta a ese cambio de estrategia fue inmediata. Por fin las personas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales se podían identificar con una lucha que hasta entonces se había limitado a piquetes hetero normativos de la Sociedad Mattachine, cuyos integrantes daban vueltas con carteles pidiendo derechos y auto reprimiendo cualquier muestra de diferencia. Las revueltas del Stonewall Inn fueron una inspiración para la comunidad LGBT+ americana primero y para el mundo después.

La difusión

Tras las revueltas una mecha se encendió en Estados Unidos y las asociaciones de grupos LGBT+ se multiplicaron por todo el país. Apareció una prensa gay y ese mismo año nació el Frente de Liberación Gay y la Alianza de Activistas Gays,  grupos que ya no escondían quienes eran tras ambiguos nombres como la Sociedad Mattachine o Las Hijas de Bilitis. Había nacido la visibilidad, el coming out, el orgullo de ser quien eres. Y el 28 de junio de 1970 en el primer aniversario de la revuelta, el Día de la Liberación de Christopher Street, se convocó una manifestación hacia central park.

El primer orgullo gay en Nueva York, año 1970.

Si el año anterior el piquete anual de la Sociedad Mattachine que se celebró una semana después de la revuelta había reunido poco más de 50 personas ataviados con sus trajes, corbatas y faldas, dando vueltas en círculos mientras sostenían pancartas que protestaban por el trato que les daban las leyes federales o que reclamaban simplemente que los homosexuales eran personas, un año después, 10.000 personas marcharon por la quinta avenida con carteles donde se podía leer «I’m a lesbian»,»Gay Power» y «Freedom».

La celebración del primer Orgullo LGBT

La primera manifestación del orgullo LGBT.

Y esto no se limitó a Nueva York. El primer año marchas simultáneas se celebraron en Los Ángeles y Chicago. Al año siguiente el orgullo ya había saltado el charco con manifestaciones en ParísBerlín y Estocolmo mientras en Estados Unidos otras ciudades como BostonDallasAtlantaDetroitWashingtonMiami y Filadelfia se unían a las marchas.

Y cada año más y más ciudades de todo el mundo se fueron uniendo, hasta que hoy en día, 44 años después, en un número incontable de ciudades grandes y pequeñas, cientos, miles e incluso millones de personas, se reúnen y marchan una vez al año para decirle al mundo, que estamos aquí con orgullo y que ya no nos escondemos, para mostrarles a aquellos que aún siguen sufriendo la represión, la violencia, la injusticia de leyes, gobiernos y sociedades intolerantes, que no están solos y que sí  que hay esperanza. Y de este modo la lucha continúa y continuará, y a pesar de las prohibiciones, cada año una nueva ciudad o un nuevo país se une a la larga lista de aquellos que celebran el día del orgullo LGBT+.

La lucha continúa y debe continuar

Hoy en día en casi 90 países la homosexualidad es ilegal, en 7 de ellos gays y lesbianas son condenados a muerte, y en gran parte del mundo sigue existiendo la discriminación y legislaciones que limitan la libertad de las personas LGBT+. La intolerancia, los insultos, la violencia, la vergüenza y el miedo han formado, o siguen formando parte de la vida de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales de todo el planeta, sin embargo esa lucha que empezó el 28 de junio de 1969 en el Village de Nueva York, a las puertas de un cutre bar de ambiente sigue viva y estamos ganando.

Cuando las ‘abejas reinas’ de Stonewall plantaron cara a la homofobia: ‘La Policía, humillada, quería matar’

Este viernes 28 de junio se cumplen 50 años de los disturbios en el pub de Nueva York que prestaron su fecha para que hoy se celebre el Día de Orgullo Gay en muchas ciudades del mundo

  • El diario The Village Voce no dudó en referirse a los protagonistas de Stonewall, en Nueva York, como «afeminados» y «locas domingueras». Los artículos de esta prestigiosa revista cultural se centraron en su estética y omitieron cualquier acto que pudiera representar valor o asociarse con luchar por los derechos homosexuales. Y por su parte, el diario local «Dady News» titulaba: «Redada en un nido de homos, las abejas reinas están que pican». ¿Se imaginan adjetivos similares en los periódicos actuales? Imposible, ¿verdad? Pues así fue como informaron muchos medios estadounidenses de los disturbios que prestaron su fecha, hace hoy cincuenta años, para que se celebre hoy el Día de Orgullo Gay en muchas ciudades del mundo: el 28 de junio.

En aquel momento, la homosexualidad se consideraba todavía un «desorden mental» y bailar con un compañero del mismo sexo era ilegal. Todos los estados del país, a excepción de Illinois, penalizaban el sexo homosexual. Y durante las décadas de 1950 y 1960, los psiquiatras todavía usaban la terapia emética, la hipnosis, la terapia de electroshock, las lobotomías y hasta la castración para intentar «curar» a los gays y las lesbianas. Como apuntaba el historiador David Carter en su libro sobre los disturbios –« Stonewall: The Riots That Sparked the Gay Revolution» (2004)–, «un adulto acusado del crimen de tener sexo con otro adulto de manera consensuada, y en la privacidad de su casa, podía tener una multa o llegar a pasar cinco, diez o veinte años en prisión. En 1971, veinte estados aún mantenían leyes sobre “sexo psicopático”, las cuales permitían la detención de homosexuales por esa única razón».

Así estaban las cosas cuando se produjeron los hechos en un pub frecuentado por homosexuales de la calle Christopher, el The Stonewall Inn, que se convirtió en el escenario que marcó el nacimiento del actual movimiento LGTB y el despegue definitivo de la lucha por los derechos de esta comunidad. Unos disturbios que también conmemoran las fiesta del Orgullo de medio mundo, y que este año en Madrid se inauguran con el pregón de la cantante Mónica Naranjo, el 3 de julio, en la céntrica plaza de Pedro Zerolo.

Judy Garland

En la madrugada del 28 de junio de 1969, cientos de personas acudieron al famoso club neoyorquino. Durante años se dijo que fueron para rendir homenaje a la actriz Judy Garland, un icono de la cultura gay desde la década de los 60 cuyo funeral se había celebrado una semana antes. Sin embargo, ninguno de sus protagonistas recuerdan haber hecho ninguna referencia a la estrella de Hollywood y tampoco es mencionada en los informes más fiables de la época. «Me saca de mis casillas que digan que su muerte tuvo algo que ver con los disturbios. Les importaba un comino Judy. Estamos hablando de chicos de 14, 15 o 16 años, y Garland era querida por los gays de mediana edad de clase media. Me enfada porque lo trivializa todo», aseguró Bob Kohler, uno de los pioneros en la lucha por los derechos de los homosexuales.

Sea como fuere, el Stonewall era un club habituado a las redadas por parte de la Policía, que alegaba siempre que el bar carecía de licencia para vender licores. Una excusa. Al parecer, la mafia responsable del local pactaba con la los agentes una cuota de arrestos, los cuales se producían, por lo general, los martes o miércoles. El objetivo es que los fines de semana los dueños pudieran forrarse cómodamente, pero manteniendo un ambiente de miedo.

Esa noche no fue diferente y seis agentes entraron en el club a la 1.20 horas y exigieron la identificación a todo el mundo, como habitualmente. A los jóvenes de aspecto masculino los dejaban ir y trataron de llevarse a los travestis que no oponían resistencia. Pero aquella noche, los clientes decidieron no soportar lo que siempre habían considerado una humillación, la misma que se repetía semana tras semana, y 200 de ellos los rodearon amenazantes.

La Policía entonces apagó la música, encendió las luces y bloqueó las puertas. Algunos intentaron escapar, sin éxito, por las ventanas de los baños, asustados por la legislación vigente contra su condición sexual. «Las cosas pasaron tan rápido que te quedabas sin saber nada. De repente había policías por todas partes y nos dijeron que formáramos una fila y tuviéramos lista nuestra identificación para que nos llevaran fuera», recordaba uno de los asistentes en el libro de Carter. La tensión fue en aumento y, al cabo de unos minutos, comenzaron a llover botellas de cerveza, ladrillos y todo tipo de objetos del mobiliario.

«¡Poder gay!»

La primera manifestación del orgullo gay, en Nueva York, en 1970
La primera manifestación del orgullo gay, en Nueva York, en 1970 – EFE

Cuando se desataron los disturbios en los alrededores de Stonewall, los clientes del famoso bar, que ellos mismos definían como «sórdido, manejado por la mafia y donde servían licor adulterado», fueron apoyados por varias decenas de vecinos del barrio de Greenwich Village. Unos y otros, al grito de «¡Poder gay!» y entonando la canción popularizada por Pete Seeger « We Shall Overcome» («Venceremos»), encerraron a los policías en el local utilizando un parquímetro que habían arrancado para atrancar la puerta. Allí estuvieron hasta la llegada de los refuerzos, aunque eso tampoco calmó los ánimos y la revuelta se extendió a lo largo de tres días y tres noches.

La noche del 27 de junio unas mil personas volvieron a la calle Christopher para luchar de nuevo contra la Policía. Ese enfrentamiento fue aún más sangriento, con bombas lacrimógenas y docenas de heridos. Eso no detuvo a la comunidad LGTB y a los que se solidarizaban con ella, pues al día siguiente volvieron una vez más y en mayor número para exigir justicia. Ya no querían sentirse perseguidos, amenazados e insultados, por lo que organizaron nuevos grupos que repartieron panfletos, escribieron cartas a los medios de comunicación y anunciaron una nueva marcha para el mismo día del año siguiente. En esa ocasión sería a plena luz del de día y recorrería la Sexta Avenida hasta llegar a Central Park.

Hubo decenas de heridos en ambos bandos y los incidentes se sucedieron durante todo el verano hasta la creación, en agosto, del Frente de Liberación Gay. Aquellos disturbios representaron el punto culminante de una época de luchas históricas sin precedentes desde los años 20. Y fueron tan importantes que crearon el marco perfecto para que la lucha por la liberación homosexual se introdujera en la política de izquierdas. Se condujo directamente a la creación de un movimiento político gay, del mismo modo que las revueltas de los negros en los años 60 llevaron al nacimiento del Partido de los Panteras Negras en Estados Unidos.

«Arca homosexual de Noé»

Martin Boyce, junto a su amigo Bernie Rivera, ambos participantes en los disturbios de Stonewall
Martin Boyce, junto a su amigo Bernie Rivera, ambos participantes en los disturbios de Stonewall- EFE

«Había estado en suficientes disturbios como para saber que la diversión había terminado. La Policía estaba totalmente humillada y eso nunca había sucedido. Estaban más enfadados que nunca, porque todo el mundo se había amotinado. Se suponía que los maricas no se podían rebelar. En el pasado, ningún grupo había obligado a la Policía a batirse en retirada, por lo que su furia era enorme. Quiero decir, querían matar», recordaba Kohler, que se encontraba cerca de Stonewall aquella noche, cuando llegaron las fuerzas antidisturbios.

Martin Boyce, uno de los participantes en las revueltas de Stonewall, definía este pub a EFE como «arca homosexual de Noé», donde a finales de los años 60 los gays de Nueva York podían ser ellos mismos, liberarse y bailar como en muy pocos lugares de la ciudad. «Y lo cambió todo. Los gais tenían orgullo, pero no era el orgullo de ser gay, era el orgullo de ser ellos mismos. Era un orgullo individual». Y después de los disturnior «se convirtió en orgullo colectivo», añade.

Marcha del Orgullo Trans. / Travesti – 50 Años De Stonewall

La concentración será hoy, viernes 28 de junio, a las 17 hs, en Plaza de Mayo y desde allí marcharemos hacia el Congreso Nacional.

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