Importantes redes de narcotráfico en la Villa Zabaleta

Yoel Zelaya murió la semana pasada. Se presume que formó parte de la banda que intentó asaltar al médico Erneso Crescennti  cuando este llegaba a su casa en Parque Chacabuco. El profesional especializado en oncología y primo del director del Servicio de Atención Médica de Emergencia (SAME), Alberto Crescenti, se defendió con su pistola Glock .357. El adolescente ingresó esa noche en el Hospital Penna con un tiro en la cabeza. Murió poco después. Aún se espera el peritaje balístico.

La muerte de un joven delincuente expuso la violencia de organizaciones que operan en asentamientos como el de la villa Zavaleta, también en la 21-24.

Zelaya, Yoel tenía 16 años. En septiembre pasado había sido acusado del delito de robo de automotor. No fue un hecho aislado. Integraba una peligrosa banda de precoces ladrones que opera en la villa Zavaleta y en la lindera 21-24, en el barrio porteño de Barracas. Los investigadores ubicaron a Yoel como «el tirador de la Banda del Mástil», uno de los grupos que se hicieron fuertes en esos asentamientos de la zona sur. Así lo informaron a un importante diario de la Capital fuentes de la Policía de la Ciudad.

«Zelaya era el tirador de la banda», afirmó una fuente al tanto de las investigaciones de la Policía de la Ciudad sobre los integrantes de la gavilla conocida como la Banda del Mástil. Ese grupo criminal no es el único que opera en esa zona.

El cuerpo del delincuente juvenil fue despedido con disparos al aire en la villa Zavaleta. Esas imágenes se viralizaron en las redes sociales. El fiscal en lo Penal, Contravencional y de Faltas porteño Carlos Rolero Santurian tiene a su cargo una investigación para determinar la identidad de los tiradores. Un sospechoso de 37 años fue detenido ayer luego de ocho allanamientos realizados por la Prefectura en la villa Zavaleta. «Este es un lugar donde dejan autos para que se enfríen, luego de robarlos. Muchos de los jefes de estas bandas tienen 18 o 19 años. En muchas ocasiones, nosotros nos topamos con ellos en los controles de rutina y, por ejemplo, secuestramos armas de fuego. Pero también los vemos cuando llega una alarma por persecuciones y los delincuentes llegan a la zona con autos robados e intentan esconderse aquí. El mes pasado, tuvimos un enfrentamiento a tiros contra una banda que venía escapándose e intentó ingresar en la Zavaleta con un auto robado. Detuvimos a dos personas», comentó un hombre de la Prefectura que cumple patrullajes en esa área.

Desde 2011 tiene presencia -en mayor o menor medida en estos años- esa fuerza federal en los alrededores de las villas Zavaleta y 21-24. El despliegue es similar al realizado por la Gendarmería en la 1-11-14.

«Cuando digo que las bandas están interconectadas me refiero a que, por ejemplo, los ladrones de celulares proveen de teléfonos a quienes roban viviendas», agregó el agente al ser encontrado a pocos metros de uno de los ingresos a la villa Zavaleta. Con su experiencia en el lugar, agregó que las principales organizaciones de la zona se dedican al tráfico de drogas: «Hemos capturado a personas que caminaban tranquilas, bien vestidas, con un kilo de droga en la mochila». El narcomenudeo es allí un problema fuerte.

Redes de contención social

Esa tentación juvenil por ser un soldadito narco -con otros delitos interconectados- es algo que muchas organizaciones sociales y religiosas quieren evitar. «La villa tiene mucha gente que quiere acompañar a los pibes a salir de la exclusión en la que se encuentran y proponerles una vida digna y en paz. Tenemos un montón de espacios en la vía de la prevención y recuperación, y queremos abrazar la vida de estos chicos. La idea es llegar antes con las propuestas positivas y en muchos casos no es nada fácil, pero en muchos casos se puede. Tenemos escuelas de oficios», afirmó el padre Lorenzo «Toto» de Vedia, sacerdote de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé de la villa 21-24, en una entrevista con Radio Con Vos. Respecto de Yoel, De Vedia dijo que lo conocía de vista y que estuvo a punto de entrar en la escuela secundaria de la parroquia, pero que finalmente no se inscribió.

Según los investigadores consultados por un importante diario de la ciudad, la banda que integraba Yoel se dedicaba al robo de automóviles. Operaba en Parque Patricios, Parque Chacabuco, Caballito y se había extendido incluso hasta Avellaneda, en el sur del conurbano bonaerense. «La banda está integraba por diez delincuentes, pero no siempre son los mismos. Algunos caen presos, otros mueren en tiroteos, como Zelaya. Se van reagrupando. Por eso se hace difícil identificarlos», afirmó un jefe policial.

En las villas 21-24 y Zavaleta, según fuentes policiales, no solo ganó terreno la Banda del Mástil. También están activas las bandas conocidas como «la de las Vías», «la de San Blas» y «la de Alvarado».

«Se dedican a cometer delitos en las inmediaciones de la villa, especialmente el robo automotor y arrebatos a peatones, ejerciendo violencia y conociendo los beneficios que la legislación vigente ofrece a quienes aún son casi adolescentes. Otra modalidad dentro del propio barrio es tomar viviendas a partir de violentar a sus ocupantes para expulsarlos de las mismas», dijo un alto mando de una fuerza de seguridad federal.

En la intersección de las avenidas Iriarte y Amancio Alcorta, durante el mediodía, se vive el contraste que siempre ha caracterizado a estos barrios: una incontable cantidad de niños salen de los colegios ubicados allí, esperan el colectivo y observan con asombro cómo adictos al paco, que duermen frente a los largos paredones que bordean la zona, comienzan a despertarse y peregrinar rumbo al corazón de esas villas, mientras gritan e interpelan a vecinos para que entreguen algo de dinero.

«El momento en el que los jóvenes son reclutados por los narco-traficantes  está asociado al inicio del consumo. Hay casos en que, a los 15 años, están completamente cooptados. Lo que sucede es que estos adolescentes salen de sus casas a las calles y observan -en casi todas las esquinas- bandas de narcotraficantes», dijo un investigador del Ministerio Público Fiscal que trabajó decenas de veces en esa zona.

Mapa que permite visualizar las villas de CABA.

Y agregó: «En algunos pasillos operan al menos dos bandas de narcos y los lugares de venta son los mismos todo el tiempo. Se repiten. Tanto los inmuebles como los espacios comunitarios. Son bandas chicas sin dominio territorial que realizan actividades ilegales a la vista de todo el mundo».

Quienes conocen bien la zona la califican como más conflictiva que la villa 1-11-14. Los jóvenes en ese lugar quedan atrapados en la lógica del mundo narco, donde la violencia es una forma de vida y muerte.

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