OSVALDO MARZULLO: EL PERIODISTA QUE EN LOS 80 ENTREVISTÓ A CHARLY VAN HALEN STING Y OTRXS…

El periodista Osvaldo Marzullo de viaje

15 de mayo, 2020

OSVALDO MARZULLO: EL PERIODISTA QUE EN LOS 80 ENTREVISTÓ DESDE CHARLY HASTA VAN HALEN PASANDO POR STING Y OTROS

Osvaldo Marzullo es uno de los periodistas que más aportó al rock en los años 80, trabajando como colaborador permanente de la revista Pelo. En el 2015 publicó “A correr que se acaba el mundo”, libro donde Marzullo reflexiona sobre el mundo del running,dividido en 21 capítulos, como una media maratón, donde repasa sentimientos comunes a todos los seres humanos, sean o no corredores, como los deseos de superación, la importancia de los afectos, el paso del tiempo y los miedos. Antes, había sacado “Viva el grafiti” (1988) y “El rock en la Argentina” (1986) por la editorial Galerna en co-autoría con Pancho Muñoz. Actualmente trabaja en la agencia Noticias Argentinas (NA), la única agencia privada de noticias del país y una de las primeras de Latinoamérica donde se desempeña como Prosecretario General de Redacción. Además, hace un programa de radio junto a sus dos hijos, Wanda y Federico, que también son periodistas; se llama “Mucho Por Hacer” y salen al aire, en vivo, todos los sábados desde la 11 hs. por la FM UB 90.9, la radio de la Universidad de Belgrano. Ya van por la sexta temporada consecutiva y dice al respecto: “Es un trabajo que me llena de felicidad”. Se lo puede escuchar por www.muchoporhacer.com. Pero, además del programa y de su trabajo en la agencia, escribe textos corporativos y gestiona contenidos a pedido para empresas multinacionales. Su mirada sobre el periodismo sigue intacta como en los años 80, esto nos dijo en exclusiva para www.buenosairesinclusiva.com.ar : “Y… sigo pensando lo mismo que pensaba cuando escribía en la revista Pelo: el periodista es solo un intermediario entre un hecho o el protagonista de un hecho y la gente.  No me van los periodistas estrellas, los que son el centro de la información, los que opinan de todo, ni los que se ponen por encima del protagonista y la gente. Soy anti-estrella. Lo mío vale si logro comunicar bien algo y si logro llegar con esa comunicación a la mayor cantidad de gente posible. Pero me interesa ante todo que la gente reciba bien el mensaje, no que me reconozcan por ser yo quien se lo dé. Yo no existo. Soy un simple intermediario. Como mucho, un decodificador”. Y nos deleita con anécdotas de la época en que acompañaba a grupos del rock en las giras para cubrir los recitales en la Revista Pelo.

¿Cómo estás viviendo esta cuarentena?

Durante lo que va de la cuarentena pasé creo que por todos los estados anímicos posibles. De sentirme parte de una tropa dispuesta a cualquier sacrificio en pos de la salud de la humanidad hasta ir de la cama al living pero no como Charly sino como un perro encerrado que extraña como loco salir a correr por los parques. De tratar de mantener una rutina ordenada a parecer Tom Hanks en «El náufrago», sin bañarme ni afeitarme y varios días sin siquiera vestirme. De no pisar la calle en los primeros 17 días seguidos como sentida ofrenda al prójimo a meterme en la cama a las 8 de la noche porque ya no sabía más que hacer con la vida. Me encanta cocinar mientras me abro un vino y escucho música, pero ni de eso tenía ganas. Cuando sentí que ya estaba bien con el aislamiento épico, caí en la depresión. Y de ahí pasé a la resignación primero y al tratar de encontrarle momentos productivos después. Soy de los que piensan que a la larga el ser humano se adapta a todo y en eso estoy en este momento. Quizás lo más positivo que encontré para hacer fue investigar en busca de artistas y bandas que no conocía, y encontré por internet varias, a veces de países remotos, que me encantaron. Siempre es estimulante descubrir música que te encanta.

Mi problema es que soy una persona que vive haciendo planes, proyectando, poniéndose zanahorias adelante para vivir constantemente motivado. Y la incertidumbre que genera esta pandemia es uno de sus males mayores. A mí me mata porque no puedo pensar en el futuro y eso lo siento como una castración mental, anímica y vivencial. Yo no vivo añorando lo que hacía antes de la pandemia. No extraño el pasado, extraño el futuro.

¿Qué estás haciendo ahora?

Me encanta trabajar con mis hijos al mismo nivel, que el programa sea de los tres en igual medida. Todo lo decidimos por unanimidad o al menos por mayoría. Es un programa que nos da todo el tiempo enormes satisfacciones y en el que nos damos el gusto de hacer cosas distintas, algunas muy locas, muy descontracturadas. Tuvimos la suerte además de contar con entrevistados muy grosos, tantos argentinos como extranjeros, desde Guillermo Francella hasta Abel Pintos y desde No Te Va Gustar hasta Die Toten Hosen. Amo hacer ese programa, me encanta.

¿Cómo viven tus hijxs tu perfil de periodista de rock? ¿Te piden que les cuentes anécdotas, deseos de saber cosas de otra época o no les interesa mucho esa fase tuya?

Curiosidades de la vida, ninguno de los dos me salió muy rockero que digamos, así que la mayoría de las veces, cuando le nombro a algún músico le tengo que aclarar quién era, salvo lógicamente los más famosos tipo Charly, Cerati, Spinetta. A veces los llamo todo entusiasmado para contarles que arreglé una nota para el programa con un músico de la vieja guardia del rock nacional y ellos no tienen ni idea quién es. Es más, a veces les digo “el sábado va nota con Fulano” y no saben si es un artista emergente o un viejo consagrado. Me pasó por ejemplo cuando hice notas con Nito Mestre o Litto Nebbia, a quienes ninguno de los dos conocía. Al que más conocen es a Pappo porque siempre fue mi ídolo y entonces me lo escuchan nombrar desde que nacieron. Y a Charly, porque existe vínculo familiar con una rama de los García Moreno. A Fede en la adolescencia le gustaban Attaque 77, Los Piojos, La 25, Jóvenes Pordioseros, Viejas Locas, pero después se fue apartando. A Wanda nunca le atrajo el rock, pero paradojas de la vida se terminó casando con un guitarrista de rock, Agustín Ibarra, de la banda Poker de Ases.

A veces les cuento anécdotas de los tiempos de Pelo y me miran como si les dijera que estuve en el ejército de San Martín cuando cruzó los Andes. Creo igual que se dan cuenta de la magnitud de los artistas con que tuve trato aunque no hayan sido contemporáneos de ellos. Lo que sí siento que los llena de orgullo es ver que siguen vigentes canciones con letras mías de aquellos tiempos. Cuando les dije que en la miniserie “Monzón”  iba  “Es por amor”, el tema que hice con GIT, estaban chochos. Y les pasa que comprueban que gente de distintas generaciones consumió y en muchos casos aún consume aquel material y lo super valora.

Con Wanda y Fede, sus hijxs con lxs que hace el programa de radio.

       ¿Cómo recordás los años dorados del rock argentino en los 80s?

Claramente la década del 80 fue la década dorada del rock de la Argentina, por infinidad de razones que quizás en aquel momento ni veíamos. En ese momento, quizás, todos quienes estábamos en el rock sólo veíamos que cada vez crecía más en todo sentido comparándolo con las décadas anteriores, pero recién con el paso de las décadas siguientes fue que quedó claro que aquella década marcó el pico para el rock nacional, sobre todo en el aspecto artístico. Quizás en convocatoria hubo momentos posteriores más grosos, como los megarecitales del Indio, pero a nivel creativo no tengo ninguna duda de que ni antes ni después hubo tanto y tan bueno. Los 80 fueron tan buenos que inclusive el germen de los artistas más exitosos de los 90 también estuvo en el final de la década anterior, como pasó con Los Piojos, Babasónicos, Divididos, Bersuit Vergarabat, Viejas Locas, Las Pelotas.

     ¿Por qué crees que se hicieron tantos discos y conciertos talentosos en esos años?

Un aspecto a mi entender clave es que en aquel momento estaban todos los grosos. Recién sobre el final de la década el rock empieza a sufrir muertes de artistas trascendentales como Luca Prodan, Federico Moura, Miguel Abuelo. Además, los mayores próceres del rock nacional estuvieron en su apogeo durante los 80. Si nos ponemos a analizar la discografía de los grosos, la mayoría de sus obras cumbres están en esa década. Desde Charly hasta Spinetta, desde León hasta Pappo. Creo que todos. Y además, había grandes segunda, tercera y hasta cuarta línea en el rock nacional de entonces, algo que tampoco creo que volvió a darse. Podías ir a ver a Charly o a Riff en una cancha, después irte a pubs como La Esquina del Sol o el Stud Free Pub y ver a Soda Stereo o Zas, al día siguiente ir a un teatro a ver a Litto Nebbia o Raúl Porchetto y más tarde a un boliche a ver a Los Enanitos Verdes o a un sótano a ver a Los Violadores, Sumo, los Redondos, los Ratones Paranoicos. Había mucha oferta y la música era fabulosa. La década del 80, si analizamos toda la historia del rock nacional, seguramente fue la que mayor cantidad de clásicos le sumó al cancionero. Realmente había muy buenas canciones y yo soy un convencido de que más allá de las modas, de los espectáculos, del virtuosismo de los ejecutantes, y de los avances tecnológicos en el sonido, la clave de todo está en las buenas composiciones. Y los 80 mostraron en todo su esplendor a los más creadores del rock nacional. Esa es la clave, a mi modesto entender. Una buena canción trasciende todo y es buena hasta cuando uno la tararea en la ducha. Creo que los compositores son el alma de la música y cuando una generación, o un estilo, o una propuesta, tiene buenos compositores, es seguro que va a perdurar. El compositor es la materia prima de la música. Y en los 80 no solo estuvieron a full todos los grandes que ya venían deslumbrando desde la década pasada sino que además se les sumaron para la segunda mitad de la década los nuevos grandes. Fue una década en la que además de brillar los que ya habían demostrado que tenían brillo, aparecieron nuevos talentosos cargados de hits, como Gustavo Cerati, Fito Páez, Andrés Calamaro, Celeste Carballo, Juanse, Miguel Mateos, Alejandro Lerner. La verdad es que la lista de grandes compositores, músicos y bandas que brillaron en los 80 es enorme y muy variada. De V8 a David Lebón, y de Patricia Sosa con La Torre a Fabi Cantilo, pasando por Sueter, los Ratones Paranoicos, Fricción, Miguel Cantilo & Punch, Dulces 16, GIT, Virus, Los Fabulosos Cadillacs, Attaque 77, Daniel Melero con Los Encargados, Juan Carlos Baglietto y la trova rosarina, infinidad de talentos en un menú para todos los gustos.

Osvaldo Marzullo entrevistando a Pappo

      Entrevistaste a Charly en varias ocasiones. ¿Qué recuerdos tenés de aquellas míticas entrevistas para la revista Pelo?

Siempre tuve muy buena química con Charly en las entrevistas, quizás porque  ambos fuimos siempre muy respetuosos del otro. Para mí, Charly siempre fue una estrella y yo era simplemente el intermediario entre él y la gente a la hora de entrevistarlo. Tuve la suerte de hacer muchas notas con él: en su departamento de Coronel Díaz, en la redacción de Pelo, en bares, en camarines de recitales, en la oficina de su representante. Entrevistar a Charly en aquellos años la verdad es que era atractivo porque la misma lucidez y chispa que mostraba al escribir sus letras la tenía también en las respuestas, con un fino manejo del sarcasmo y la ironía. Charly te daba títulos, que debe ser una de las cosas que más valora cualquier entrevistador. No solo eran muy claras y contundentes sus respuestas, sino que además tenían gracia e incluían frases inolvidables, de esas que a los periodistas nos encantan porque de solo escucharlas ya vemos que tenemos un gran título para la nota. Además, siempre mostró, al menos conmigo, una enorme lucidez en las respuestas. El tipo la tuvo siempre muy clara, más allá de que en algunos medios lo quisieran mostrar como un loquito. Me acuerdo que una vez se había armado un gran escándalo en un show en Catamarca por unos tarados que le tiraban cosas y lo bardeaban. Bastó que Charly reaccionara contra eso para que se armara un escándalo nacional. En Pelo ya estaba cerrada la nueva edición, pero por el revuelo que se armó se decidió levantar otra nota e incluir una con Charly contando su versión de lo que había pasado. Me acuerdo que lo llamé directamente al teléfono de su departamento de Coronel Díaz (en esa época no existían los jefes de prensa, las agencias de prensa ni intermediarios de ese tipo) y le expliqué el sentido de la nota y que necesitaba sí o sí hacerla de inmediato, porque nos corría el cierre de la revista. Charly estaba medio cansado y no le entusiasmaba mucho seguir con el tema del escándalo, pero aceptó hacer la nota y me dijo: “Hagamos una cosa. Venite a tomar la merienda a casa y hacemos la nota. ¿Te gustan las masitas secas?”. Le dije que sí y cerró: “Ok, mientras vos te venís para casa, yo bajo a comprar unas masitas entonces”. Y así fue. Hicimos la nota merendando té con masitas como dos señoras viejas. Creo que esa actitud de Charly demuestra claramente que el tipo no estaba loco ni era un inadaptado social como querían mostrarlo algunos en los 80. Un pirado no te invita a tomar la merienda y se preocupa en ir a comprar masitas para recibirte bien en su casa…

Con Charly

     ¿Cómo era colaborar para la revista Pelo?

Yo me metí en el rock cuando ni siquiera se llamaba rock sino “música progresiva”. Era re pendejo. Estaba en la escuela primaria y obviamente ésa no era la música que sonaba en las radios ni la que se escuchaba en mi casa o entre mis compañeros de colegio. Todo empezó con que mis viejos nos habían llevado a una fiesta de carnaval en un club junto a otras familias amigas y uno de los artistas que animaban la noche era Orion’s Beethoven, que con los años pasaría a llamarse simplemente Orions y tuviera su momento de gloria con el tema “Toda la noche hasta que salga el sol (tocando en una banda de rock and roll)”. Esa noche quedé deslumbrado. Recuerdo que no hacían una música bailable, entonces la gente aprovechaba el show para jugar al carnaval en la pista de baile. Y yo, que era un pendejito, me quedé pegado al escenario fascinado con esos pelilargos que tocaban una música rarísima, con muchos pasajes instrumentales. Recuerdo mirar sin entender cuando el guitarrista pisaba el wah  wah y después contarle a mi hermano que el tipo ”apretaba un pedal, como un acelerador” mientras tocaba… Por esa época, mi hermano, seis años mayor que yo, ya empezaba con la onda de los bailes típicos de la adolescencia y solía traer a casa discos que le prestaban. A él le gustaba la música melódica, sobre todo Roberto Carlos. Yo, como buen hermano menor, en cuanto podía le revisaba todos los discos que le habían prestado y los escuchaba más para joder que por otra cosa. Un buen día en esa pila apareció “Machine Head”, de Deep Purple. Fue ponerlo y volverme loco. A partir de ahí, rockero hasta la muerte. Empecé a ir a recitales desde que estaba en primer año del secundario, siempre con algún amigo o con mi primo Adrián porque solo no me dejaban ir mis viejos. En esos primeros tiempos vi a Sui Generis, Arco Iris, Alma y Vida, El Reloj. Y también en el secundario empecé a comprar la revista Pelo, que era la única posibilidad mensual de enterarse de noticias de rock en los 70. A los 15 años, cuando estaba en el secundario, pasé de oyente a colaborador de un programa de rock que ese entonces patrocinaba una tabacalera en las medianoches de radio Mitre. Ahí empecé en periodismo, con una sección propia en la que pasaba e historiaba tres temas de rock nacional, y colaborando en las entrevistas. Recuerdo notas con David Lebón y su Polifemo, El Reloj, el dúo Vivencia. En ese programa, que conducía mi “descubridor”, Luis Gariboti, tenían un rol muy activo Alfredo Rosso y Fernando Basabru, que por entonces estaban arrancando con la revista Expreso Imaginario, algo así como la contracara hippie de Pelo.

¿Eso te llevó a estudiar periodismo?

Cuando terminé el secundario me metí a estudiar Periodismo porque sentía que tenía cosas por pulir en mi redacción. Y al año de estar estudiando, me surgió la posibilidad de entrar como colaborador en Pelo. Lo primero que cubrí fue un recital de Nito y León juntos en Obras, y la cobertura siguiente fue B.B.King. Para mí fue sencillo empezar a trabajar en Pelo porque como era lector de la revista desde hacía años, conocía perfectamente el estilo, las secciones, todo. Y como era púbico de rock también desde hacía mucho tiempo y un ávido coleccionista de discos, estaba muy empapado del tema. Cuando trabajaba en Pelo yo tenía 20 años y a esa edad me resultaba fascinante estar metido en el mundo al que yo seguía desde antes como público. Yo pagaba por ver a Charly, a Pappo, a León, a Spinetta y de pronto ya no solo entraba gratis a sus shows, sino que además hablaba con ellos, compartía comidas, encuentros, iba a los camarines, recibía de regalo sus discos de las grabadoras antes de que salieran a la venta. Viví a full esa época, haciendo notas y respirando rock todo el día en la redacción y luego a la noche yendo a estudios de grabación a escuchar antes que nadie los discos que se estaban grabando. Hasta diciembre del 83 fueron tiempos duros, porque andar de madrugada en la Argentina era realmente peligroso. Como también lo era ir a recitales, porque estabas esperando para entrar y paraba en la puerta un camión militar, bajaban los soldados y empezaban a llevarse gente simplemente por tener el pelo largo o porque a ellos no les gustaba la cara. Me acuerdo que tenían la costumbre de parar colectivos de línea, hacer bajar a los pasajeros y empezar a meter ahí a los que se llevaban detenidos antes de que empezara el recital.

Con Jeff Beck

    ¿Cuál fue la nota que más te gustó hacer y por qué?

Hice muchísimas notas para Pelo, tanto a artistas nacionales como extranjeros. Quizás entre las que más recuerdo estén las que hice con Brian May en Mar del Plata y con John Deacon en Vélez, porque aquella visita de Queen fue un suceso que trascendió al rock; con The Police, porque ir caminando por la calle y charlando con Sting sin custodios, mánagers ni nada parecido hoy resulta impensable; y con los hermanos Van Halen, porque salí de la entrevista en el Sheraton, encendí el grabador para chequear si estaba bien el sonido y no me había grabado nada, así que llegué a casa y me puse a escribir desesperadamente todo lo que recordaba, porque si no me mataban en la revista.

     ¿Sentís añoranza por aquellos años?

No siento añoranza de lo que hacía en aquellos años porque la vida son etapas y esa estuvo buena pero hubo muchas posteriores que también lo fueron, y hoy realmente no me veo ya yendo de show en show o viviendo de noche como en aquellos tiempos. Lo que recuerdo que me gustaba mucho era salir de gira con los grupos. Me resultaban muy divertidas las giras, esa vida de dormir en el micro e ir de ciudad en ciudad. Hice montones de giras y las disfruté mucho. También fue fabuloso ir a todos los shows de Queen en Argentina, incluidos los de Mar del Plata y Rosario.

Con Sting, en la calle, en Buenos Aires.

De esas giras que hablás –que me hacen acordar a William, el periodista de la revista Rolling Stone, cuando viajaba con ellos para después escribir las crónicas, y que quedó retratado en la película “Casi famosos”. Allí William viajó siguiendo a The Allman Brothers Band, Led Zeppelin y Eagles. ¿A quiénes te tocó cubrir en esas giras? Y, por favor, contanos algo de esos backstage…

Hice muchas giras y coberturas de recitales y festivales en el interior. También en Brasil. Hice giras con David Lebón, Raúl Porchetto, Alejandro Lerner, Patricia Sosa, Los Enanitos Verdes, GIT, Pedro y Pablo. Por lejos, la gira más divertida fue con Patricia Sosa y su grupo de entonces, La Torre. En vez de hotel, quien los contrató en Venado Tuerto les dio una enorme casa, un PH con muchas habitaciones. Así que vivimos un par de días todos juntos tipo comunidad, con largas mateadas en la cocina como si fuésemos vecinos. Como el baterista de ellos, Jota Morelli, era oriundo de esa ciudad, él aprovechaba los ratos libres para visitar a su familia, y me acuerdo que me llevó a almorzar con sus padres, la abuela, los primos. Me presentó como el periodista que les hacía las notas que salían en esa revista que él les enviaba desde Bs As, la Pelo. Re lindo almuerzo. En esa gira yo me sentaba en el micro con el negro García López, y nos reíamos muchísimo. Era muy divertido y jodíamos todo el tiempo. Creo que no hablamos en serio ni dos kilómetros. También con Oscar Mediavilla, uno de los tipos más queribles y graciosos que conocí en el rock.

Una vez en una gira con Pedro y Pablo, de madrugada después de un show nos persiguió la policía por la ruta y montaron un bloqueo para frenarnos porque el hotelero de la ciudad de la que veníamos, San Jorge (provincia de Santa Fe) denunció que le faltaba una toalla en una de las habitaciones que habíamos ocupado. Terrible operativo por una toalla. Nos llevaron a todos detenidos a la comisaría de Rafaela y nos liberaron para que el grupo pudiera cumplir con el show de esa noche ahí con el compromiso de que después del recital nos presentábamos detenidos en la comisaría de San Jorge. Cuando fuimos, como no había lugar para tanta gente en el calabozo, nos dejaron encarcelados adentro del micro, que estaba estacionado en la puerta de la seccional con varios policías vigilándolo. De pronto empezamos a joder y pedíamos permiso para ir al baño. Entonces iba uno y venía el otro, siempre escoltado por agentes. Cuando terminamos de ir todos, empezamos una nueva ronda. Los canas nos miraban con un odio bárbaro pero se la tenían que comer. Después, alguien descubrió que a media cuadra había un quiosco, entonces pedíamos permiso para ir a comprar comida y bebida. Y hacíamos lo mismo que con el baño. Íbamos de a uno y comprábamos cualquier boludez. Nos pasamos los 30 detenidos yendo y viniendo al baño, y yendo y viniendo al quiosco toda la mañana. Lo que caminaron esos pobres policías que tenían que vigilarnos… Al final desde Buenos Aires consiguieron contactar a un pariente de León Gieco que era cana ahí en San Jorge y él logró que nos liberaran. Todo por una toalla, que por otra parte nunca apareció.

Con Braian May de Queen, en 1981, en el estadio de Vélez Sarfield.

Sos co-autor junto a Pancho Muñoz del libro «El rock en la Argentina», clave e infaltable en nuestras bibliotecas para entender nuestro rock. ¿Qué procedimientos usaron para hacerlo? ¿Cuál es la parte que más te gustó escribir y por qué?

En aquella época no existía internet ni toda la información fácilmente disponible. Yo empecé escribiendo esa especie de enciclopedia del rock local básicamente para mí, porque estaba harto de que cada vez que necesitaba chequear un nombre de un músico o de un disco o una fecha de un show debía revolver mi colección de revistas Pelo o mi discoteca. En principio habíamos pensado con Pancho hacer varios libros de rock, una especie de colección, y yo propuse que uno fuera esa enciclopedia. Le comentamos nuestra idea a Daniel Kon, que por entonces no era aún mánager de Soda Stereo ni de Gustavo Cerati sino director del Suplemento Sí, de Clarín, en el que Pancho y yo colaborábamos. Y Daniel, que había publicado ya varios libros, con gran generosidad nos recomendó a su editorial. La verdad es que fue un trabajo muy arduo hacerlo porque no es como ahora, que uno googlea un nombre y te aparece todo lo que hizo y dejó de hacer. Fue muy muy compleja la investigación. Hoy sería una pavada hacerla, con toda la info que hay en la web. Yo me encargaba de escribir (a máquina, no existían las computadoras) y Pancho salía en busca de la información. Me acuerdo que por ejemplo nos aparecía mencionado en una revista un disco que el negro Rada había grabado en Uruguay antes de radicase en la Argentina. No podíamos obviar el dato, pero no teníamos forma de chequearlo más que con el propio artista, así que Pancho se encargaba de eso: ir a ver al artista y preguntarle los datos que nos faltaban. Yo siempre digo que el rock es un universo de verdades relativas y en ese universo las verdades dependen de quien las atesora. Así, nos pasaba que en un disco, por ejemplo, no figuraban todos los músicos que habían tocado. Y cuando empezabas a preguntar, a indagar, te encontrabas quizás con dos bateristas que decían haber tocado en un mismo tema. O con discos en que la formación del grupo que figuraba en la foto de tapa no era la misma con que lo habían grabado. Montones de “verdades relativas” así que al momento periodístico de tratar de ser objetivo y veraz complicaban muchísimo las cosas. Fue inolvidable la presentación de “El rock en la Argentina” en la Feria del Libro, porque explotó de gente.

Ahí estuve yo. Fui con mi cámara de fotos a rollo y saqué un montón de fotos, sobre todo a Charly. Me acuerdo que también estaba Raúl Porchetto y se fue con Charly a tomar un café a La Biela…

Cuando nos propusieron de editorial Galerna hacer algo en el stand que habían montado, yo propuse que en vez de estar Pancho y yo firmando ejemplares juntáramos a los reales protagonistas del rock en la Argentina: los músicos y el público. Fue impresionante. Una multitud nunca antes vista en la Feria. Desbordó toda la seguridad. Vinieron un montón de músicos y ellos fueron quienes firmaban los ejemplares a la gente. Estaban Charly, Pappo, Fito, Porchetto, Patricia Sosa, Los Enanitos, el negro Rada, una legión de músicos. Fue una noche mágica. Recuerdo al libro como un trabajo muy intenso de varios meses. Nos ofrecieron al menos dos veces reeditarlo actualizado pero justamente por el recuerdo de lo trabajoso que fue, yo siempre me opuse. Ya está, ya lo hicimos, llegó hasta ahí, hasta fines del 86. Es imposible mantenerlo actualizado todo el tiempo con la que dinámica que tiene el rock. Y tampoco me interesa hacerlo. Antes de volver a trabajar en algo que ya hice me resulta más estimulante y seductor ocupar mi tiempo en un proyecto nuevo.

¿Pensás que el rock sigue vivo o como decía Charly ya en el 83 «El rock murió»? ¿Creés que conserva esa rebeldía de los 70 y 80 cuando los grandes temas del rock ahora son singles de propagandas de TV?

El rock nació para no morir. Y no va a morir nunca. Tendrá épocas más masivas y otras donde la onda pasa por otras propuestas. Pero el rock desde un principio mostró ese poder de resiliencia y esa capacidad para regenerarse que para mí ya lo hicieron inmortal. Siempre habrá músicos de rock y siempre habrá público de rock. Además, hay tantas y tantas buenas canciones de rock que seguirán sonando en algún lado mientras exista el planeta Tierra.

¿Por dónde pasa la rebeldía de lxs jóvenes de hoy? ¿Por ser YouTubers o Informáticxs?

La rebeldía creo que siempre pasa justamente por ser joven. Creo que la juventud es la rebelión y después según la época se manifiesta de acuerdo a diversas tendencias, modas, posibilidades. Un joven de hoy no es igual a un joven de hace diez años ni a uno de hace cuarenta años. Ni en pensamiento, ni en look, ni en gustos, ni en objetivos. Ni siquiera en discriminaciones o demás cosas negativas, porque el mundo cambia, las sociedades cambian, las comunicaciones cambian, el futuro cambia. Aun así, la rebelión sigue haciéndose presente en cada joven porque es el momento en que toda persona sale a la vida y empieza a andar su camino. Hay quienes van por un camino ya trazado y hay quienes gustan de hacerse el propio. Y hay quienes se preguntan por qué tienen la obligación de hacerlo. La rebelión está intrínseca en cada joven. Algunos la manifiestan, otros no, aunque estos últimos suelen ser pocos.

       ¿Ahora estás con algún proyecto en particular?

Soy un apasionado de los viajes, sobre todo de los viajes de aventura, y aunque ahora la pandemia nos dejó a todos en tierra, confío en que en unos meses se le encontrará la vuelta al tema, volveremos a planificar libremente y podré concretar varias experiencias que tenían previstas. Estoy trabajando en mi cuarto libro, que quiero que sea una mezcla de mis pasiones: viajes, aventuras, rock y running. Mi tercer libro, “A correr que se acaba el mundo”, fue una especie de libro de autoayuda, una historia de superación; basado en el running, pero ya con cosas de viajes. Y eso a la gente le gustó mucho, así que me animó a ir más todavía por ese lado, pero ahora ya en plan más aventurero y con vivencias rockeras de por medio. Como el libro anterior, lo estoy trabajando muy tranquilo porque quiero disfrutarlo, sin presiones ni apuros. Los dos primeros libros, la editorial me apuraba todo el tiempo para que entregara el material, así que ahora voy a hacer como con el tercero: una vez que está listo, recién ahí veo de publicarlo. Lo más lindo de un libro es escribirlo, así que me voy a tomar todo el tiempo que necesite para hacerlo. No tengo ningún apuro.

¿Cómo es la vida de un periodista que marcó tendencia en los años de esplendor del rock nacional haciendo de medium para transmitir información (pasando por tus manos en la edición, selección, armado de preguntas, etc.) en un contexto donde «el rock vendió el stock»?

Yo me alejé del mundillo del rock a fines de los 80 para dedicarme al periodismo en general, ya no sólo de espectáculos. Cuando llegan los hijos y los deberes familiares, la vida cambia y se hace complicado seguir yendo a shows y mucho más aún vivir de noche. Es otra etapa. Pero sigo escuchando rock todo el tiempo, o sea que mi vínculo original con esa música se mantiene inalterable. Fue así antes de ser periodista de rock y sigue siendo hoy en que hago poco y nada de espectáculos. Pero mantengo la avidez por conocer nuevos artistas, nuevos discos y hoy por hoy, internet mediante, es bastante sencillo despuntar ese vicio. Por mi programa de radio, además, mantengo contacto con músicos y prenseros que me acercan a artistas emergentes, además de los consagrados, así que la música sigue conmigo a través de los años. Y sigo pensando lo mismo que pensaba cuando escribía en la revista Pelo: el periodista es solo un intermediario entre un hecho o el protagonista de un hecho y la gente.  No me van los periodistas estrellas, los que son el centro de la información, los que opinan de todo, ni los que se ponen por encima del protagonista y la gente. Soy anti-estrella. Lo mío vale si logro comunicar bien algo y si logro llegar con esa comunicación a la mayor cantidad de gente posible. Pero me interesa ante todo que la gente reciba bien el mensaje, no que me reconozcan por ser yo quien se lo dé. Yo no existo. Soy un simple intermediario. Como mucho, un decodificador.

¿Ves talentos jóvenes en la música nacional de hoy?

El rock está medio pobre de compositores desde hace muchos años, diría que unos veinte al menos. En cambio, me parece muy interesante cierta movida trap. Creo que toda esa gente joven, en algunos casos muy joven, rescató algo que se había perdido y que es el valor de las letras. A mi modo de ver, cuanto más se alejen de las bases de reggaetón y comiencen a trabajar sobre otros esquemas rítmicos más variados y ricos, aunque sea como experimentación, van a encontrar un horizonte super amplio y muy interesante. Creo que grandes composiciones pueden venir por ese lado. Me acuerdo en Estados Unidos cuando en los 80 comenzaron las fusiones del rap con el soul, el rock y otras variantes, que hubo resultados excelentes, y me entusiasmó.

Un problema para la música nacional es que desde la tragedia de Cromañón desaparecieron infinidad de lugares que servían como semillero para que los artistas nuevos pudieran tocar y tocar. Hoy todo pasa más por hacer un tema y subirlo a YouTube o a las redes. Está claro que cambió la comunicación o la forma de difusión, pero aquel ejercicio que daba tocar en vivo y recibir la respuesta en la piel se perdió y no veo que las nuevas tendencias hayan podido suplir eso, al menos hoy. Hoy cualquiera hace un tema, lo sube a las redes, y a lo mejor consigue miles y miles de likes. ¿Eso es un éxito? Para los parámetros de hoy, seguro que sí. La duda es si los likes acumulados son sinónimo de calidad y, sobre todo, si alguien se acordará de esa canción de acá a un tiempo. Pero bueno, son otros tiempos y todo cambia. A mí, en lo personal, me siguen moviendo el piso las buenas canciones y las bandas que suenan bien.

De viaje.

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