Repercusiones de la despedida al ladrón que fue muerto por la policía

Un funeral inconcebible. El hecho de que la muerte de un delincuente haya sido coronada con disparos al aire debe ser investigado por las autoridades, y sus protagonistas, condenados. Una frase hecha que es habitual escuchar en programas de televisión señala que la realidad supera la ficción. Y si uno se detiene a observar las escenas de la despedida con dipsaros de armas de fuego, de grueso calibre, al aire, que en la Villa Zavaleta le dieron a un joven delincuente, cuesta entender en verdad que se está contemplando un hecho real que sucedió recientemente en la ciudad.

El protagonista del inédito funeral fue Yoel Zelaya, de 16 años, quien tenía antecedentes delictivos y falleció durante un tiroteo tras haber presuntamente intentado robar al médico Ernesto Crescenti, cuando este profesional regresaba a su casa, en Parque Chacabuco.

Es increíble que en plena Capital Federal sucedan este tipo de acontecimientos que nada tienen que envidiar a manifestaciones más propias de una serie televisiva de mafiosos o de narcotraficantes que de la vida cotidiana de los porteños.

Injustificable resulta que exista tamaño desprecio por las leyes y las normas, y que con total desparpajo se realice una exhibición de armas de todos los calibres y disparos, como si se tratara de una salva de cañonazos para rendir homenaje a un supuesto héroe de guerra.

El Ministerio de Seguridad de la Nación solicitó la intervención de la Justicia y presentó una denuncia penal en la fiscalía N° 38, con el propósito de que sean identificados los autores de los disparos en el funeral. El fiscal en lo penal, contravencional y de faltas porteño Carlos Rolero Santurian es la persona que tiene a su cargo la investigación para determinar la identidad de los tiradores.

Las autoridades no pueden hacerse las distraídas frente a esta clase de hechos. Es imprescindible que se lleven a cabo acciones coordinadas que extirpen de raíz los nichos de violencia, drogas y armas ilegales que se ocultan en algunos oscuros rincones de humildes asentamientos. Según fuentes policiales, en la villa Zavaleta de Barracas y en la lindera 21-24 operan desde hace un tiempo con regularidad, al menos, tres peligrosas bandas juveniles. Se necesitan todos los resortes del Estado para enfrentar estos flagelos, dado que, si se sigue mirando para otro lado, las mafias se ramificarán y los grupos delictivos seguirán tomando poco a poco cada estamento de la sociedad, momento en que se hará cada vez más difícil de eliminar. Corresponde insistir en la necesidad de actuar con firmeza ante tristes evidencias como la comentada, antes de que sea demasiado tarde.

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