Trasladan la cárcel de Devoto y descubrimos la sexualidad en su interior

EXPRESO DE MEDIANOCHE 

Por Rodolfo Soto

Mientras se habla de trasladar la cárcel de Devoto, que alberga a 1811 internos, a la localidad de Marcos Paz, han comenzado las obras el año pasado y esperando finalizarla en el 2020, se silencia la cantidad de personal cesante que quedará afuera por la mudanza, entre ellos el CUD (Centro Universitario Devoto) que se verá obligado a cerrar sus puertas. Por otro lado, mientras se está terminando de grabar El Marginal 3, una de las series más homoeróticas y homosexuales que se transmite en la televisión abierta, centrada en la corrupción carcelaria, mostrando sin tapujos las costumbres entre rejas que no dejan afuera las historias de amor y sexo entre hombres. Los casos de violencia institucional contra el colectivo LGBTI se han incrementado desde el 2011 hasta la actualidad. El entrecruzamiento entre la violencia de género y la violencia institucional corre en paralelo con la violencia verbal y física  cuando la lógica penitenciaria administra las violencias y reproduce las estigmatizaciones de la sociedad en un grado extremo, donde la ley pareciera quedar del otro lado. Buenos Aires Inclusiva tuvo acceso a la cárcel de Devoto y lo cuenta sin omisiones. 

Carne trémula

“Tiene la chota así de grade”, dice una voz con acento cordobés, saliendo de una sala donde un grupo de celadores del servicio está almorzando. Son las dos de la tarde y el olor del guiso se filtra por la puerta de donde vuelve a salir lamisma frase: “Tiene la chota así de grande”; la voz se vuele a oir entre las cumbias que terminan y vuelven a empezar. Las baldosas color arena, rotas y desvencijadas se unifican con las paredes blancas y las rejas con candados que llegan hasta el techo figurando una caja de seguridad ¿De qué? ¿De cuerpos que entran dejando afuera su libertad?. Al fondo, un cartel blanco con letras rojas dice: No fumar. Un gato negro pasa por la puerta. Se asoma, me mira y sigue de largo. Los ruidos de las rejas, que se abren y se cierran, son del personal que entra y sale con planillas bajo el brazo, rompiendo el silencio caliente que se acumula en los pasillos, teñidos por una luz blanca de hospital con olor a pueblo instalado en el pabellón.Me siento en la sala de espera del hospital, donde hay unacelda con una camilla y moscas que vuelan por la cuerina cortada. Dos heladeritas aguardan en la puerta. ¿Entre los hielos habrá organos humanos?, pienso mientras espero. A mi derecha una silla de ruedas, oxidados y muerta, que parece cobrar vida cuando la veo. Está medio cerrada y parece una acordeón. Por finn aparece el jefe del sector y me dice que tengo que esperar otros 20 minutos. Pero pasan más de 60 y sigo ahí, con el tiempo que parece cada vez más lento. Módulo 3, pabellón 15, alcanzo a oír. A través de la reja delservicio, mientras espero al recluso que va a hablar conmigo,veo tres árboles en hilera y a un celador del servicio, alto, enfundado en pantalones militares, tiene el rostro prolijamente afeitado, el pelo corto, bolsegos negros y una remera gris con las iniciales SPF (Servicio Penitenciario Federal) en la espalda. Otros dos que pasan como imágenes de una película muda. Cuando escucho mi nombre me doy vuelta, y veo una calcomanía decolorada, en un vidrio rasgado, que dice Preservativos gratis 08003333444.

Hablando con Adán, el recluso que va a hablar conmigo, en una galería que da al patio me sorprendo cuando dice: “Acá no dan forros. Tendrían que repartir pero no te los dejan ni pasar, y si te los encuentran: te los sacan”. Después me cuentaque vio de todo acá. Cuando le pido que me cuente qué, empieza a hablar: – Hace unos años entró un peruano, porque acá, de 40 que entran, 30 son extranjeros: peruanos, paraguayos, colombianos; no es que sea racista pero es una realidad. Al peruano se ve que le gustaba porque le daban entre 5, imaginate; de todo le hicieron.

¿Se arman muchas parejitas acá?– Y, hay de todo. Hay épocas… A veces ves, te das cuenta; pero no es que te lo vayan a decir…

Es como en el fútbol, se hace pero de eso no se habla…– Es que, imaginate, acá hay presos que no reciben visitan…

Qué triste.– No, no, no es por eso; bueno, eso también. Quiero decir que no la ponen. Acá hay muchos que no la ponen, entonces cuando ven una oportunidad, pum. A mi no me molesta ver parejitas, como vos dijiste, pero acá es otra cosa. Hay putos, sí, pero no lo andan diciendo, porque sino, te imaginas, todo el pabellón se haría una fiesta ¿me explico? 

¿Cómo es cuando entra alguien?– Mirá. Yo hace 19 años que estoy acá, ya conozco el mecanismo. Y es siempre lo mismo. Al último que entró le pasó lo que a todos. Le dan de comer, un sanguche, pero le ponen pastillas.

¿Quiénes?– Los guachurros. ¿Sabés quiénes son los guachurros? Una mezcla de guachos con caranchos. ¿Sabes por qué? Cuando el que entra, que está cansado por todo lo que lehacen pasar, se come el sanguche se queda dado vuelta, zombie. Después, le dan un mate pero le vuelven a poner más pastillas. Entonces se queda planchado el loco. Lo primero que hacen es sacarle la ropa, todo. Lo dejan en pelotas y se lo violan. Y no uno. Dos. Cinco. Carne nueva le dicen. Acá te das cuenta que al final somos carne…

¿Hay pabellón de presos con HIV?– No. Los reos que están muy destruidos los mandan para acá (servicio médico), a los que están de última; y mirá como están… los dejan ahí tirados (me dice señalando una celda donde hay un colchón con un bulto en el piso, tapado con una frazada roída). Tendrían que repartir forros…

Cuando el celador me pasa a buscar (“el gorra” le dicen acá)me custodia hasta la salida, y Adán me acompaña en silencio, con las manos hacia atrás, aunque no está esposado. Unas cuantas cotorras verdes atraviesan el cielo rompiendo el silencio para perderse en un árbol, el que está cerca de la torre. Adán, que permanece en estado de alerta, sigue mi mirada y me dice:
– Si yo te digo algo, vos no me vas a creer. Pero acá hay halcones. Dos. A veces los observo. Los he visto comerse palomas y hasta llevarse a un gato.

Varones trans en la cárcel

Diario de un ladrón

Adán me cuenta que su papá es policía y que nunca fue a visitarlo. Que recibió una puñalada mientras dormía pararobarle las yantas (zapatillas). “Acá hay tantos robos comoafuera y también hay contrabando”. 

Cuando habla de su familia se le llenan los ojos de lágrima y me dice que lo que más lamenta es no haber visto a su hija llevar la bandera en el colegio; y que ella se lo reprochó. – Acá tenemos códigos. Por ejemplo, a los violadores de menores los violamos. No podemos entender cómo hacen esas cosas. Acá hay uno que le dieron perpetua porque violó a sus hijos, a los tres, no tenían ni 10 años; increíble. Y él era policía. Imaginate… Acá le dimos todos, pero cuando te digo todos: es todos. Los del servicio, en estos casos, hacen la vista gorda- Me quedo helado. Pienso las posibilidades de relacionar el sexo, con el placer y también con el dolor: Violar para castigar. Adán habla como piensa: muy rápido y de forma clara y elocuente. Por momentos lo noto sensible, al borde de la susceptibilidad extrema; hipersensible. Su voz se resquebraja cuando habla de sus hijos, su pecho se infla y sus ojos se llenan de agua. Respira. Aprieta los dientes y cambia de tema.

– Andar con el fierro en la cintura te llena de excitación. ¿Sabés? Acá pasa lo mismo que afuera pero más fuerte. Yo hace 19 años que no salgo. No entro a Internet, no sé cómo es estar en la calle; ya no sé lo que es la libertad.

¿Cómo es la vida sexual de un reo entre tantos reos encerrados?– ¿Sexo? Ves de todo, todos los días. ¿Ves ese que pasa por allá? Ese, el del servicio, se la chupó a casi todo el pabellón. Ese sí es puto, pero los otros no. Vos tenes una idea diferente de cómo son las cosas. Ya vas a ir entendiendo. Una vez que entrás, no salís más, y empezas a pensar diferente – me dice y una sensación helada me atraviesa el cuerpo. – Ya no te importan las cosas que pensabas antes y las que no valorabas, como la familia, y empiezan a ser importantes…

“Me voy”, le digo, y cuando le voy a dar la mano le doy un beso. Camino como un zombie hasta la salida, donde entraréla semana que viene. Antes de pasar por la requisa escucho su voz: “Si volves te cuento más sobre sexo. No me falles… Una vez que entrás, de acá no salís más”, camino peridido por las calles de Devoto, no sé dónde estoy.

El pabellón de los espíritus

“Devoto tiene mala vibra” me dice un sentenciado a perpetua, mientras espero a Adán. Me cuenta que en este lugar torturaban y mataban gente durante la dictadura. Le pregunto por el pabellón para homosexuales y me dice que funcionaba en la época de los milicos, que ahora no existe más. Me quedo pensando qué es lo que no existe intramuros. En la planta 4 funcionó un pabellón para homosexuales y después ese lugar sirvió a los grupos de inteligencia. Desde hace varios años es el sector para los abandonados y se lo conoce como la “Planta de la muerte” por sus condiciones: goteras, colchones rotos, terrones de grasa en los platos, en lugar de carne.

Tercer día: Las tumbas

Apenas pisé las mayólicas color crema, mordidas en sus extremos, rasgadas y emparchadas, volví a sentir ese escalofrío que me atravesó el cuerpo como una flecha el segundo día; pero esta es mi tercera visita y me siento Trumán Capote. En la sala donde almorzaba el personal del servicio había una tele apagada. Me siento en el mismo lugar que la vez anterior, y que la otra, y observo las mismas cosas: No cambió nada. Siguen estando las heladeritas que yo imaginé con órganos humanos. Las mismas rejas que llegan hasta el techo. Incluso las mismas sombras. De la sala de celadores sale el tema Walking at the moon de The Police. Al ver que no entra ni sale nadie, y que el tiempo parece no moverse, el escalofrío se instala en mí preguntándome por la salida. ¿Y si no hay salida como insinuó Adán la semana pasada? 

Veo pasar a uno del servicio. Los celadores tienen buen lomo, son cuerpos hechos a base de fuerza, trabajados para luchar, a diferencia de los músculos de las musculocas que son devista, inflados con anabólicos para seducir. El olor a desodorante barato atraviesa el aire seco como un alambre. Los presos están del otro lado del pabellón y el lugar parececementerio; por algo le dicen tumbas a las celdas. Pero ellos no parecen muertos, más bien zombis. 

Mientras el gato negro se revuelca por el pasto, rascándose,intentando sacarse las pulgas, veo a un presidiario llevando una carretilla con un pantalón de trabajo. Uno hombre del servicio penitenciario lo custodia sin apartarse de su cuerpo.

Llega Adán y me aclara:- Lección uno: Acá no sos puto porque te hayan violaron. O porque hiciste… “algo” con alguien. Si entra un puto y alguien se da cuenta puede sacar provecho de la situación. 

¿Y si entra alguien diciendo que es gay?– Eso acá no pasa. Viste muchas películas vos.

¿Viste El marginal?– Sí, y me cagué de risa. Es pura ficción eso. No es así como lo pintan. Nadie va a entrar diciendo que es gay. Y si es muy obvio, se hacen un festín. Hay uno, que tiene perpetua, que se hace respetar. Es re contra musculoso. Está todo el día en el gimnasio. Pero el chabón elige con quién estar y lo respetan; pero esos son casos contados con los dedos de una mano. – – Acá hay muchos que necesitan la adrenalina como cuando estaban afuera y andaban cargados. El arma te da seguridad y acá no andas calzado, pero en el patio los ves con navajas, con varillas de hierro. La adrenalina de transgredir, de hacer algo que está mal, que no es bueno y que no se debe hacerse sigue estando. Tener una…Lustrarla… Sentir el peso del chumbo en la mano, es… ahhhh, es como tomarte una raya. Yo ahora no tomo, pero los que están al lado mío sí.

¿Coger entre hombres en el pabellón está prohibido?– Por eso te digo. La adrenalina, que no te vean los demás. Cuando me venía a ver mi ex mujer teníamos visitas higiénicas. Yo me daba cuenta que había uno del servicio que nos espiaba: sacaba los papelitos que poníamos en la cerradura.

Le gustabas…– No, ¿ves? Uno de acá nunca va a decir eso. Estaba atrás de mi ex. Esos pensamientos retorcidos, como el tuyo, acá no se piensan.

¿Y cómo es que llegan a tener sexo entre ustedes sin ser putos?– La droga. Acá el que toma pala por una línea te tira la goma. Y si te la dejaste tirar una vez después es más fácil. La palabra clave es tener para “pegar”. Andar con una bolsa es garche asegurado.

Camuflan sus deseos con la droga.– Míralo así, si queres. Lo que pasa es que… ¿Vos tomaste pala alguna vez? Bueno, está bien, no me contestes si queres, pero si tomaste alguna vez sabes que te vuelve loco. Tomas una y queres más. Y si es buena, ni te cuento. Quedas patas pa’rriba, colgado del techo, allá arriba, ¿ves ahí donde está ese arbolito? Es de mandarinas ese árbol, y no queres bajar. Y después de un par de virulazos perdés la cabeza, y ya no te importa nada. Si quedaste re loco la pusiste, en el peor de los casos, o te la pusieron. Pero al otro día fue. Eso no te hace puto.

Cuarto día: Buscando la salida

En la puerta hay menos mujeres que las veces anteriores; será porque son las 3 de la tarde y ya entraron las demás. El cielo está plateado y anuncian tormenta durante tres días.

Esta vez el ingreso es más rápido, pero apenas me alojan en el lugar de siempre, el tiempo empieza a diluirse. 

“El ser humano es el único animal que mata por placer o por diversión” escribo en mi cuaderno. Después de hablar casi 4 horas con Adán, me doy cuenta que tengo que irme, pero Adán sigue hablando y no tengo ganas de salir, me gustaría quedarme a pasar la noche con él. Ver cómo duerme. Si es verdad lo que dice, que se levanta temprano, hace gimnasia, desayuna cerelaes con yogurt, estudia y trabaja. Mientras paso por el scaner de la salida y retiro mi documento siento que una parte de mi mutó a Capote, que en vez de escribir una nota para Soy voy a terminar yendo todos los días a ver a Adán. Su voz rugosa, como procesada por una máquina de cortar carne, me acompaña en el colectivo y después la oigo cuando doy vueltas en la cama: “Esto es como la vida, pero estando muerto: Coges o sos cogido”.

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