Biblioteca del barrio Bibliotecario de lujo

 Juan Desiderio, poeta que formó parte del mítico grupo de poetas de los 90s, junto a Washington Cucurto, Fabián Casas, Damián Ríos, Rodolfo Edwards, Martín Gambarotta, Santiago Llach, Daniel Durant entre otros, dirige la Biblioteca Estanislao del Campo, en el Barrio del Parque Chacabuco. Es un placer consultarlo por cualquier libro y charlar cualquier cosa con él. Juan Desiderio nació en septiembre de 1962 en Buenos Aires y trabaja como bibliotecario. Era 1990 cuando publicó Barrio truchoLa Zanjita le siguió en 1996 (los dos por Ediciones Trompa de Falopo), luego en el ’98 Ángeles parricidas (Del Diego), en 2002 Tos y un par de años más tarde Hipnosis, ambos disponibles en internet. La editorial Gog y Magog (2005) y luego Vox relanzaron en los últimos años algunos de sus primeros libros en ediciones que incluyen poemas previamente inéditos.
Como músico, integró distintas bandas de rock: Aguante de Cancha, Hippie Rabioso, Cardioflash y Jardineros

 

¿Desde cuándo sos bibliotecario de acá?

 

El oficio de bibliotecario me fue dado por la Divina Providencia, a partir del año 1984, cuando ingresé a la Dirección Gral. De Bibliotecas de la Municipalidad de Buenos Aires. Comencé con tareas de clasificación de libros, ya que al estar estudiando filosofía, y la mayor parte de las clasificaciones de las ciencias fueron hechas por filósofos, me ubicaron allí. Era un sector con pilas y pilas de libros, esperando su turno para ser clasificados. Paralelo a esa tarea, un par de horas al día dedicaba a la catalogación. Éramos unos diez personajes montados en diez remmington negras poderosas. Ocho años a full aprendiendo el oficio. Luego, trabajé como referencista en varias bibliotecas. En la biblioteca Estanislao del Campo, estoy desde su reinauguración, en el año 2003.

 

¿Qué cosas te gustan de tu trabajo y cuáles menos?

 

El oficio de bibliotecario me encanta. Me ha servido muchísimo para ver alrededor con ojos de mosca. Lo que no me gusta, es estar al servicio de una burocracia estatal que actúa como una máquina de impedir.

 

¿Cuánta gente viene por semana o por mes?

 

Unas sesenta personas concurren promedio por semana. Y por mes, unas 350 aproximadamente.

 

¿Podrías armar una especie de perfil del lector que viene a la biblioteca?

El lector que visita y se queda como flotando en este ambiente, es más bien variado. En su mayoría, personas mayores de 50 años que buscan diálogo y literatura para no pensar. Se juntan varios a tomar mate y a charlar sobre interesantes temas, y también buscan algo para no pensar, en sintonía con la programación de TV.

También vienen, más bien por la tarde, jóvenes filósofos y literatos provenientes de la Facultad de Filosofía y Letras, sita en Puán, acá nomás. A unas siete cuadras.

Y lo más interesante, es la buena cantidad de gente que huye del ambiente de sus propios hogares, buscando un lugar tranquilo para estudiar.

 

¿Cuáles son los libros o autores más consultados?

Los autores consultados en su mayoría son de lectura ligera: Sidney Sheldon, Agatha Christie, Julio Cortázar, en cuanto a literatura. Y en cuanto a las otras ciencias, está bastante parejo. Un libro que se consulta mucho a nivel estudio es Biología de Curtis.

Y en el mundo de la infancia, cabeza a cabeza van los hermanos Grimm y Elsa Bornemann.

 

¿Cómo compatibilizas la creación artística, como músico y poeta, con tu trabajo?

 

La Biblioteca como un corazón en armonía, se parece mucho a la poesía y a la música. Se trabaja con parámetros similares y se conecta todo con todo. Cada materia en la que se divide la clasificación científica que utilizo en mi labor, es parecida a una palabra de alguna oración, o a un acorde musical. Si quiero conocer algo, el hacerlo es un hecho artístico. Y como tal, se compone con fragmentos de saberes. Cuanto más se sabe sobre algo desde muchos puntos de vista, más profundo es el conocimiento. Con la poesía es más o menos así. El poema se compone con versos. Cuanto más refinados, rítmicos y contundentes, más potencia adquiere el poema. Y con la música, pasa con los compases, la velocidad y la melodía. Así, el saber, la poesía y la armonía se conectan en mi espíritu para iluminar el Alma.

 

 

¿Qué recuerdos tenés de la movida poética de los 90?

 

Hermosos recuerdos. Una experiencia enriquecedora muy importante en mi vida. Compartí distintas visiones, imágenes fuertes y una gran amistad, con muchas personas a las que fui conociendo, movida tras movida.

 

 

¿Sentís que pudieron cambiar o lograr algo de lo que se proponían en esa época?

 

Más que de cambiar, siento que el impulso era de aportar algo diferente. Algo que enriqueciera nuestra visión de las cosas, nombrando lo que antes no se nombraba en la poesía.

Hubo para mí, un aporte muy valioso de literatura. La producción se movía por canales analógicos. Se compartía algo y se miraba a los ojos de quien lo compartías. Antes nos conectábamos a través de nuestras córneas y nuestras lenguas y paladares. Ahora no.

 

 

¿Lees poesía contemporánea- actual?

 

No. Estoy hace un tiempo leyendo poetas europeos. Me gusta mucho esa poesía. Ese placer me lo mostró y acentuó el maestro Joaquín Giannuzzi. Por ahí va la cosa hoy por hoy. Pero además, leo teología, filosofía, sociología y psicología. Ando por esos lares.

 

¿Qué te gusta?

 

No me gusta mucho la poesía actual. No hablo de la forma de escritura, sino de la atmósfera que despliega. Un bajón. La oscuridad no se desplaza ni un centímetro, hace varios años ya, de la actitud del poeta.

 

 

¿Pero notas algún cambio con la poesía de los 90s? ¿Algo nuevo?

 

En cuanto a la forma, no veo cambio alguno. En cuanto al espíritu, se ha perdido la ironía en manos del alarido social. Y la risa se ha transformado en frustración.

 

 

¿Qué planes tenes para el año que viene?

 

Irme de la ciudad de Buenos Aires. Pero antes, terminar de grabar y editar tres discos que estoy creando con músicos amigos del Alma. También, terminar de filmar una película documental, y un proyecto que ando desarrollando en la Biblioteca Estanislao del Campo.

 

 

La zanjita

Poema de amor desde la cárcel 

Tu carne no cierra
y esta zanja
es un tajo de muerte
tu sombra abierta
en la zanja es
un tajo de muerte
la carne del mundo
y hay un gritón enfermo
hijo de una hermosa gimnasta
un alma que corre
con autos de fuego
en las autopistas de nada
de una zanja.
La carne se cierra
el metal hierve
yo cosía tus manos
con el algodón de mi raza
más dulce
que el terror
a la altura.

Postales de la zanja (uno)

Un viejo de sotana agujereada
sentado en la vereda de la fábrica
de botellas sopladas
tira cáscaras de mandarina
al agua de la zanja.
Pero el cura ciruja ése
pasaba las noches leyendo
el apocalipsis y por las
mañanas a todo el que
pasaba
señalaba
vó te quedá
vó te vá al cielo
vó te quedá.
De noche
un cura sucio
de sotana rota
come mandarina
y tira la cáscara a la zanja.
La zanja se lleva un color
y pudre los zapatos de dios.

Así en la poesía como en la vida 

Vox acaba de reeditar «La Zanjita», junto a «Barrio trucho» y «El asesino de Dios».

Bitácora de vuelo



—no te hagás el espok
y corré más rápido
que nos matan
esto marciano de la 19
y te van a rodar
las orejas
hasta la zanja.
—La zanja. La recuerdo
tomando sol
a orillas de la zanja
sus pelos con abrojos
excitaban
a lo vendedore
de sandía
y su risa
helaba el barrio
todos la veían
le creían santa
por el barro seco
que frotaba en su pierna
y aparecía como
santa rita envuelta
en una nube
con su cara
color acero y
—seguí corriendo
que nos cagan a palo
—y te acordá del viejo
que creía ser san jorge
y yevaba al matungo
a tomar agua
a la zanja
se sentaba siempre
sobre el caño ése
que estaba roto
y miraba a la gente
y veía dragone corría
a los pibes les quería
sacar lo dragone
de la cabeza
te acordá
—sí, eran piojo
—no, loco
eran dragone en serio
—espok
no digá boludece
y decile a tu piba
que compre faso y gayetita. 



V

La zanjita. A la zanja
según el más viejo del barrio
la creó el diablo
allá por el año en que
el más viejo del barrio
perdió una pierna
en una guerra en la que todos
perdieron una pierna
pero el más viejo
cree que el diablo bajó
con un látigo
pa castigar al hijo del del
garage porque se curtía dó
vino blanco por hora y a la
hija del cartero no
entonce enfurecido
pegó un chutazo
y volaron la piedra
y el barro
—ahora van a venir lo sapo
y la culebra
y todo lo vecino
van a ser bautizado
en esta zanja—
El diablo se fue
y lo sapo
no nos dejaron dormir
nunca más



VII

Aprovechaban que el viernes el
pelahueso dormía en la seccional y se
instalaban en la pared que da a los
monoblock. Los heavys con sus pelos
quemados y ojos de arsénico como tocaban
esos chicos la pared a cada rato
rituaban con eso de romper la puntita lo
divertido de romper la cajita del
tetra mientras apagaban el grabador sólo
la voz del viento sólo el ruido de
tijera que salía de entre los yuyos.
En el cementerio todo es posible los heavys
hasta pueden tener frío un radiador de
colectivo tirado ahí darte el calor todo
un invierno. Al fin la fiesta y arman una
nave y otra nave y fuman otra
nave más le cantan al azar a lo que puede
caer cantan al agua que sale de
los huesos fríos que forma un discreto lago
un hermoso ojo de agua
que descarga
en una zanja.

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