MARIANA ENRÍQUEZ, ESCRITORA DEL BARRIO GANÓ EL PREMIO DE EDITORIAL ANAGRAMA

8 de noviembre, 2019

La novelista y periodista argentina Mariana Enríquez ganó este lunes el Premio Herralde de Novela con la historia «Nuestra parte de noche».

El premio, convocado por Editorial Anagrama y dotado con 18.000 euros, le fue otorgado por la obra que presentó bajo el título ficticio «Mi estrella oscura» y el seudónimo Paula Ledesma, práctica habitual en este tipo de concursos. «Más allá del género, atrás hay un fondo que está hablando de otras cuestiones» como las relaciones familiares, el poder o la política, dijo Enríquez.

El escritor mexicano Juan Pablo Villalobos, miembro del jurado, calificó su obra de «continuadora de una tradición que podríamos denominar como ‘La Gran Novela Latinoamericana’, que pertenece a una estirpe de obras tan disímiles, pero igualmente ambiciosas y desmesuradas, como Rayuela, Paradiso, Cien Años de soledad o 2666″.

La escritora se mostró satisfecha tras ser seleccionada entre 680 noveles y aseguró que pese a ser una historia «desmesurada» es una obra personal: «Tiene todas mis obsesiones y delata que tengo muchas».

«Quería un poco más, incluso volver a una forma un poco más tradicional, y con el género del terror podía pensar mejor las cuestiones que me interesan como la política, el poder, la herencia, el qué significa la familia, sobre América Latina, sobre la explotación, la explotación de los cuerpos», sintetizó la vecina de Parque Chacabuco.

Enríquez, de 46 años, también es profesora y subeditora del suplemento «Radar» del diario Página12, y en su trayectoria ha escrito novelas, relatos de viajes y perfiles como «La hermana menor», acerca de la escritora Silvina Ocampo.

Sus cuentos, que se enmarcan en el género del terror, fueron publicados en revistas internacionales como Granta, Electric Literature o The New Yorker.

En la novela ganadora, un padre y su hijo atraviesan la Argentina en ruta hacia las Cataratas de Iguazú, en plenos años de la junta militar, con controles de soldados armados y tensión en el ambiente.

En ese marco realista, Enríquez construye una historia fantástica en la que el lector encuentra pasadizos que esconden monstruos inimaginables, rituales con sacrificios humanos, andanzas en el Londres psicodélico de los años 60 y enigmáticas liturgias sexuales. “Es una novela que, a pesar de ser desmesurada, un poco total, es una novela muy personal para mí, tiene todas mis obsesiones”, afirmó la escritora de género fantástico en una rueda de prensa en Barcelona, donde tiene su sede la editorial.

La obra de esta bonaerense nacida en 1973, que concursaba bajo el seudónimo de Paula Ledesma y debería llegar a las librerías en las próximas semanas, se impuso entre los 680 manuscritos presentados para la versión número 37 de este premio dotado con 18 mil euros.

Con la represión de la dictadura como telón de fondo, la novela se adentra en la historia de Gaspar y su padre, que inician un viaje desde Buenos Aires hasta las cataratas de Iguazú, en la frontera con Brasil.

Allí, Gaspar está llamado a seguir los pasos de su padre y convertirse en médium de una sociedad secreta, controlada por la familia de su fallecida madre, “que contacta con la oscuridad en busca de la vida eterna mediante atroces rituales”.

En su sinopsis, la editorial evoca “monstruos inimaginables”, “fieros sacrificios humanos”, “párpados humanos convertidos en fetiches” y “enigmáticas liturgias sexuales”.

Pero “más allá del género, atrás hay un fondo que está hablando de otras cuestiones” como las relaciones familiares, el poder o la política, dijo la autora.

El jurado la presentó como la cúspide de la carrera de Enríquez, responsable de novelas como Este es el mar o colecciones de cuentos como Los peligros de fumar en la cama.

“Pienso que es la obra cumbre donde se recoge todo el mundo de Mariana Enríquez”, dijo el director de la prestigiosa librería Laie de Barcelona, Lluís Morral, miembro del jurado.

El mexicano Juan Pablo Villalobos, ganador del premio en 2016, la comparó con otras grandes novelas latinoamericanas: Rayuela, de Julio Cortázar; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; o 2666, de Roberto Bolaño.

Además de escritora, Enriquez es docente y periodista, subeditora del suplemento Radar del diario Página12.

El certamen organizado por esta editorial, que celebra este año su medio siglo de vida, fue ganado en el pasado por reconocidos novelistas como Álvaro Pombo, Sergio Pitol, Javier Marías o Roberto Bolaño con su exitosa Los detectives salvajes.

Esto es el mar, su anteúltima novela se trata de ritos de pasaje, adolescentes fanatizadas con estrellas de rock, inframundos donde conviven seres que han complotado para que Kurt C obain, Sid Vicious y Jim Morrison mueran repentinamente y pasen a la historia… En ‰ste es el mar, Mariana Enriquez alcanza una nueva forma de escritura, hurga en lo macabro, atraviesa el universo de lo desconocido y lo monstruoso para posicionarse en un territorio poco explorado de la literatura argentina. Su prosa es tan adictiva como sombría e inquietante. «Mariana Enriquez es una escritora fascinante que exige ser leída. Como a Bolaño, le interesan las cuestiones de la vida y la muerte; su ficción nos impacta con la fuerza de un tren de mercancías.» Dave Eggers «Se apoya con inteligencia en los maestros para crear un mundo narrativo muy propio.

“Éste es el mar” es un cambio de registro considerable frente a los relatos de “Las cosas que perdimos en el fuego” y “Los peligros de fumar en la cama”, tanto por extensión como por temática y forma de encarar el fantástico. En este caso nos encontramos con una fantasía urbana tirando a oscura y de peculiar trasfondo romántico en el que se le da un giro fantástico a la construcción de los mitos del rock y al fenómeno fan. Enríquez construye una especie de panteón de… ¿musas?… místicas, organizadas en una jerarquía que nunca se explica del todo y que vive de la adoración de las (sí, solo “las”, en este caso) fans a sus ídolos. Si la cosa funciona y no cae en una trama excesivamente dirigida por la autora (aunque dirigida está) es gracias a su estilo (elegante, hermoso, fluído, directo) y a la voz de Helena, la Luminosa protagonista. Es inquietante, es romántico, es potente y resuena donde tiene que resonar. Muy recomendable. Tras el éxito cosechado con sus libros de relatos Los peligros de fumar en la cama (Anagrama, 2017) y Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016), Mariana Enriquez vuelve para deleitarnos con Éste es el mar (Literatura Random House, 2018), una novela corta sobre musas y monstruos. Los rockeros se convertirán en leyenda.

A pesar de que el éxito de Mariana Enríquez pudo parecer repentino, no lo fue. Para cuando sus cuentos cruzaron el charco, Enriquez ya había escrito novelas como Bajar es lo peor (1995) o Cómo desaparecer completamente (2004), y sus colecciones de cuentos, como Los peligros de fumar en la cama (2009), llevaban años publicados. Había trabajado a fondo esa máxima de Julio Cortázar –influencia que se entrelee en sus palabras al igual que otros maestros como Stephen King o las damas del terror Edith Warton y Shirley Jackson– de que la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out. ¡Y vaya nocaut! Sin embargo, algo hizo que la obra de esta periodista y docente argentina pasara a traducirse a dieciocho idiomas. Y ese algo fue Las cosas que perdimos en el fuego, doce relatos de terror sobre lo abyecto y lo miserable. La voz unánime de público y crítica le subió a los altares de los grandes escritores. Ahora, Enriquez vuelve a sus inicios con una novela corta –Éste es el mar apenas tiene 120 páginas– en la que profundiza en lo macabro y lo desconocido, asentando así su estilo narrativo.

Éste es el mar es una novela sobre transiciones, adolescentes fanatizadas con estrellas de rock –que tienen más que ver con un enjambre de seres fantásticos que con jóvenes alocadas– y una suerte de musas que se han confabulado para hacer que músicos como Kurt Cobain, Sid Vicious o Jim Morrison mueran de forma repentina y se conviertan de manera indefinida en leyenda. Helena, que era parte del enjambre, será ahora la encargada de hacer que el cantante de Fallen, James Evans, se convierta en leyenda y pasar a formar así parte de ese selecto club de seres de inframundos: las Luminosas. Evans será la última gran leyenda del rock. Los tiempos cambian.

«Los tiempos se aceleran. Hay aburrimiento. James es el último de esta era. ¿La era del rock? Así le dirán ellos.»

El mismo día que terminaba la lectura de la novela de Mariana Enríquez tenía lugar la gala de los Goya 2018, que a grandes rasgos podríamos volver a considerar “más de lo mismo”, aunque no es el objeto de crítica de este texto. Sin embargo, hubo una conexión entre ambos hechos que se manifestó en forma de sketch. En concreto uno destinado a esas mujeres que son artífices en la sombra de las grandes obras del cine. Y no, no se estaba refiriendo a las guionistas, productoras o demás mujeres que se dejan la piel detrás de las cámaras, sino más bien a las musas, esos seres fantásticos que se antojan como fuente de inspiración para creadores. Mariana Enriquez, en su ardua carrera por evidenciar lo sombrío y lo inquietante de nuestra sociedad, toma esa misma figura de la mitología griega y lo convierte en lo monstruoso.

Estas musas, las Luminosas de Enriquez, sin embargo no están representadas como seres bellos y númenes, sino más bien como una red oscura que complotea para matar y convertir así en mito a los cantantes de rock por el mero hecho de subsistir. Y no están solas. La escritora argentina se aprovecha de el fenómeno fan, ese que nuestra cultura se ha encargado de representar como a un grupo de jovencitas alocadas que lloran por sus ídolos y les dan el poder. Son el Enjambre y sin él, los grupos de rock, no son nada.  

«El enjambre era vasto, eran muchas sus integrantes; pero no podían cambiar de rostro ni de cuerpo, tan sólo de ropa: les tocaba un único cuerpo humano. Y muchas integrantes del Enjambre se repetían en las fotos. Habían pasado sesenta años entre una foto y otra y, sin embargo, el mismo rostro adolescente lloraba en primera fila y había llorado tantas veces durante décadas y había aparecido en tantas fotos y nadie, jamás, se había dado cuenta».

La cualidad de poner a la mujer al frente, junto a su facilidad para evidenciar el lado más perverso de nuestra sociedad, mantiene a la autora imbatible. Así, Mariana Enríquez vuelve a poner al sexo femenino como fuente de poder mientras que los hombres vuelven a ser relegados a sujetos pasivos. James Evans, nuestra deseada estrella, se deja llevar y se limita a tocar y ser tocado. Helena, convertida en su asistente, decide por él sin llamar la atención. Entretejiendo, una vez más, en la sombra.

En esta novela, Enríquez mantiene esa prosa tan sombría e inquietante que la caracteriza y que, cuando menos te lo esperas, golpea en el estómago. Cuando el lector se mantiene concentrado en una lectura que podríamos calificar como ligera, uno se puede leer la novela del tirón sin apenas pretenderlo, de repente siente el revés. Por ejemplo, en mitad de una enumeración de jóvenes que idolatran a Evans, Enríquez escribe: «Cuando recordaba esa noche en una playa con el chico que le había metido arena en la vagina para que le raspara, para que doliera y gritara, escuchaba una canción de Fallen, cantaba I fell apart lloraba y terminaba parada sobre la cama, con los brazos extendidos, sintiendo que alguna vez iba a olvidar ese aliento a alcohol y olor a sangre», y continúa con «Esa otra chica,…». Bien por inesperado, bien por atroz, el golpe está ahí.

En definitiva, Mariana Enríquez ha vuelto a firmar una obra tan sugestiva como inquietante en el que los roles tradicionales son volteados y su lectura va un paso más allá. Decía la autora que el terror siempre es político, y esta novela no lo es menos.

La autora considera su novela «divertida», a pesar de que «el momento en el que transcurre es trágico, pero el ritmo tiene una dinámica que permite una lectura de cierto entusiasmo, de cierta avidez». La primera parte de la historia es «como una novela de ruta, de ir hacia adelante, pero el contexto es terrible, para los personajes y para el país». 

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